Cuando algo te rompió el alma, pero sigues aquí
Hay experiencias que marcan el cuerpo y la vida de una manera profunda.
El abuso sexual no solo deja heridas físicas o recuerdos dolorosos: muchas veces deja una sensación de vergüenza, culpa, desconexión y miedo que cuesta nombrar. Puede que sientas que no eres la misma persona desde entonces, o que hay partes de ti que quedaron congeladas en aquel momento.
Tal vez te cueste confiar, disfrutar de la intimidad o simplemente sentirte segura/o en tu propio cuerpo. Puede que hayas intentado olvidar, minimizar o seguir adelante, pero el cuerpo recuerda incluso cuando la mente quiere olvidar.
En terapia, crearemos un espacio donde no hace falta forzarse ni contar más de lo que puedes. Un lugar donde puedas irte encontrando, a tu ritmo, con tus tiempos y tus silencios.
Trabajaremos para que puedas recuperar la sensación de seguridad, de valor y de dignidad, y para que el abuso deje de ocupar el centro de tu historia.
«Lo que te pasó no define quién eres. Tu fuerza está en haber sobrevivido, y ahora puedes aprender a vivir.”